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La persona que me hizo daño era un...

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Cuando esto ocurrió, también experimenté...

Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Mensaje de Sanación
De un sobreviviente
🇨🇴

poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • Mensaje de Sanación
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    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
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    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Todos tenemos la capacidad de ser aliados y apoyar a los sobrevivientes en nuestras vidas.

    Historia
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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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    Contar eso sin derrumbarme

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    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • La sanación no es lineal. Es diferente para cada persona. Es importante que seamos pacientes con nosotros mismos cuando surjan contratiempos en nuestro proceso. Perdónate por todo lo que pueda salir mal en el camino.

    “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

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    Sobreviviendo a una violación en grupo

    El año pasado me violaron en grupo. Tengo un zumbido en los oídos llamado tinnitus que no ha parado desde entonces. Tengo pesadillas. Volé con mi madre a una boda en el extranjero. Estaba emocionadísima. Ella estaría ocupada con sus amigos y su prima, y yo podría pasar tiempo con mi genial prima segunda, dos años mayor que yo. Después de la cena de ensayo, salimos. Fue divertido porque allí no tenía permiso para beber, aunque la edad legal era menor que en mi provincia, pero no revisaban la identificación. No bebí mucho porque no era lo mío y tenía novio, pero pude ir a algunos bares y luego a una discoteca pegada a un hotel. Nos divertimos muchísimo hasta que conocimos a dos soldados uniformados que eran guapísimos y nos separaron de sus amigas por nuestro aspecto. Mi prima es guapísima. Tenían una habitación privada en la discoteca y había varios soldados y también dos prostitutas. A esas prostitutas definitivamente les disgustaba que estuviéramos allí. Quería salir de todas formas, y las chicas guapísimas que nos invitaron fingieron entendernos y nos sacaron de allí. Estúpidamente, dejamos que nos llevaran a su habitación de hotel, donde dejaron de lado el rollo romántico y nos obligaron a desnudarnos al ritmo de la música. Nos enseñaron una pistola que tenían en un cajón. Estaba aterrorizada. Nos obligaron a tumbarnos boca abajo, inclinadas sobre la cama, una al lado de la otra, y así tuvieron sexo. Se intercambiaron como si fuéramos intercambiables antes de acabar dentro de nosotras sin protección. Nos tomamos de la mano. Yo lloraba mientras mi prima intentaba ser fuerte y animarme. No nos permitieron salir y nos escondieron la ropa. Antes de quitarnos los teléfonos, tuvimos que escribirles que nos quedábamos en casa de un amigo de mi prima. Luego llamaron a otros dos soldados, uno de ellos un tipo alto, moreno y enorme, con músculos de culturista. Fue un desastre conmigo. Nos hicieron bailar y luego tuvimos que usar la boca con las chicas que nos habían atraído allí mientras las otras dos tenían sexo con nosotras. Vomité y mi prima lo limpió, pero luego empezó de nuevo. Tenían cocaína y nos obligaron a esnifarla de sus partes y a esnifarla de nosotras. Vino otro y creo que solo fueron esos cinco durante la noche, pero no paraban de violarnos y obligarnos a hacer cosas incluso cuando nos desmayábamos. Me hubiera gustado estar más inconsciente, pero la cocaína te despierta tanto. Quiero recordar menos y pensar menos en todo. Nos duchamos muchas veces. El moreno grande se orinó encima de mí y en mi boca, en la ducha. Lo hizo más de una vez como si yo fuera su retrete. Los otros hombres incluso tuvieron que decirle que se calmara cuando me hacía gritar, me gustaban sus dedos y me los metía en el culo, pero no cuando me hacía arrastrarme como un perro usando mi pelo como correa. Recuerdo que uno de ellos llamó a sus amigos para decirles que subieran el volumen de la televisión al máximo para ocultar el ruido en nuestra habitación. Vieron las noticias deportivas en la televisión. Hicieron que mi prima y yo nos besáramos y cosas así. No podía fingir que era una fiesta divertida como mi prima hacía a veces y me animaba a hacer. Intentó desviar parte de su atención de mí una y otra vez. La amo por eso, pero no me dejaron en paz. Estaban obsesionados con mi pecho. No les importó que estuviera obviamente angustiada y enloqueciendo, ni que en mi país me faltaran tres años para la edad de consentimiento. Ahí estaba, la edad mínima. Nos despertamos por la mañana en una de las camas, solo los dos soldados durmiendo en el suelo. ¡El negro se había ido! Volvieron a tener sexo con nosotras y otro hombre mucho mayor, al que llamaban SIR, entró y tuvo sexo con nosotras, pero sobre todo conmigo. Lo animaron y me dolía la cabeza y lloraba, y pareció durar una eternidad. Finalmente recuperamos la ropa, pero nos llevaron a un brunch con su ropa habitual. Me enseñaron fotos en sus móviles que parecían divertidas y nos advirtieron de lo mal que estaría si decíamos algo diferente a que habíamos tenido una buena fiesta. ¡Una buena fiesta en el infierno! Antes de eso, solo había tenido sexo con mi único novio. ¡Una noche infernal y ahora mi número era siete! Tuvimos que empezar a prepararnos para la boda de inmediato y estaba agotada. Mi prima me escondió y me eché una siesta con vestido, peinado y maquillaje hasta el último minuto. Lloré en la ceremonia, pero no en la boda. Tenía tanto dolor de vagina, músculos y cerebro que me emborraché tanto en la recepción que apenas recuerdo nada. Fue parte del viaje en avión a casa. Le conté la verdad a mi madre al volver y se puso como loca, al igual que mi padre. Intentaron llamar allí, al hotel y a otros sitios, pero la policía no hizo nada. Vi llorar a mi padre por primera vez mientras le contaba toda la historia. Mi novio no lo soportó y me dejó. Voy a terapia de grupo. Tomo una pastilla todos los días y ahora tomo benzodiacepinas para la ansiedad. Intento ocultar mi pecho grande bajo ropa holgada, cuando antes lo usaba para llamar la atención. ¡Qué idiota! Mi prima no parece tener los traumas ni las pesadillas que yo tengo. En su país, terminan la secundaria hasta dos años antes que nosotros y los tratan como adultos antes. Una vez le dije cosas malas por eso. Me perdonó, pero hablamos mucho menos desde que le pregunté si siempre tenía sexo grupal. Me sentí fatal porque incluso dejó que tuvieran sexo anal con ella para alejarlos de mí. Se notaba que le dolía mucho, pero en ese momento solo pensaba en mi propia supervivencia. Mi infancia se acabó, pero no me siento adulta. Su consejo es: «No dejes que te deprima». ¡Como si tuviera otra opción! Fue a terapeuta una vez porque su madre pidió cita y no piensa volver. ¡Su vida no cambió en absoluto! Trabaja en recepción en una empresa de tecnología y, además, modela, y sigue yendo a fiestas, clubes y citas. ¿Cómo? Es increíble cómo la actitud ante algo así puede ser tan diferente en distintos países. Ahora soy una víctima y suelo sentirme así. Definitivamente dañada. Todos en mi escuela saben por qué. Soy ESA chica. Mi nuevo novio, más maduro, es comprensivo, pero me siento como una pequeña carga triste para él. A veces soy hipersexual y no puedo evitarlo. Es un mecanismo de afrontamiento que les ocurre a algunas víctimas de agresión sexual. No lo busqué. Me preocupa que mi novio no confíe en mí por eso. Un amigo mayor, mi vecino desde hace años, se aprovechó de mí después de que le conté lo que pasó en su casa. Tuvimos sexo y luego se sintió culpable por excitarse con mi historia de violación. Lo admitió y me pidió perdón. El sexo me ayudó a calmar el zumbido de oídos por breves periodos, así que lo hice con él más de una vez al día durante un tiempo hasta que mi padre empezó a sospechar algo y habló con él. Desde entonces, no confío en mí misma. Quiero casarme con mi novio, en gran parte, solo para protegerme y demostrarle que lo amo y soy leal, aunque no estoy segura de poder serlo. Me preocupa no poder amar como una persona normal. Me preocupa alejarlo por ser demasiado dependiente y querer casarme con él tan pronto. Lo necesito más de lo que él me necesita a mí. ¿Será así siempre en las relaciones de las víctimas de violación? Me esfuerzo mucho en la escuela para no arruinar mi futuro. Es muy difícil concentrarme. Me zumban los oídos constantemente. Gracias por escuchar.

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    Empezó con mi hermano

    Mi hermano, que ha crecido mucho, me usó, pero aún llevo cicatrices. Mi hermano es cuatro años mayor que yo y, cuando estaba pasando de la primaria a la secundaria, ese verano, me hizo pensar que las chicas de secundaria necesitan saber cómo hacerle sexo oral a los chicos. Primero me lo hizo para mostrarme que no era para tanto. Pensé que era algo muy serio. Pero lo hice y él me entrenó y me hizo mantenerlo en secreto, excepto para mi mejor amiga. Invitó a su amiga a casa cuando tuve una pijamada una noche y le pidió que se lo hiciera a su amiga. Luego nos hacían hacer concursos con los ojos vendados. Al menos entonces no estaba sola. Me cambió, aunque el séptimo grado en sí no tuvo nada que ver con nada de eso. Era una mentira para obtener placer de mí. Mi hermano todavía me hacía hacerlo en casa. Y a veces me lo hacía y yo llegaba al clímax. Así que tuve una extraña vida sexual secreta y me sentí muy mal por eso. Luego, en octavo grado, tuve mi primer novio de verdad. Mis padres son muy estrictos, aunque ambos trabajaban y me dejaban sola con mi hermano. Para ir al cine con mi novio, se aseguraban de que fuera en grupo, me llevaban y me esperaban fuera del cine. Bueno, una vez, cuando fuimos a ver Blancanieves y el cazador, mi mejor amiga y yo hicimos lo que queríamos: hacerle sexo oral a nuestros chicos en la última fila del cine, y lo hicimos. Solo un mes después, empecé a tener sexo con él, algo que nunca habría sucedido de no ser por lo que hizo mi hermano. Nos escapamos de su casa durante una pijamada, quedamos con los chicos afuera, fuimos al parque cercano y lo hicimos en el césped. Esa fue mi virginidad. El evento realmente malo, donde mi vida se descarriló, fue cuando lo intentamos desde mi casa, escabulléndonos por la ventana y adentrándonos un poco más en mi gran patio trasero que daba a la ladera de una gran colina, y mi padre nos pilló. Fue horrible. Se acabó el mundo. Me trataron como una gran traidora y casi todos mis privilegios fueron revocados y esencialmente fui castigada sin fecha límite. Y aún así mi hermano me obligaba a hacerle sexo oral. Estaba desconsolada porque no me permitían tener a mi novio hasta el punto en que mis padres me obligaron a ir a la escuela y hablar con el director y el subdirector y se aseguraron de que no tuviera la oportunidad de verlo a solas. Y mi hermano seguía entrando sigilosamente por la noche a veces o cuando nos quedábamos solas esperando que hiciera lo que él me había entrenado para que estuviera acostumbrada. La siguiente parte realmente mala fue dos meses en mi nueva vida restringida. Mi hermano comenzó a hacerme sexo oral una tarde después de la escuela y decidió llevarlo más lejos y se levantó y comenzó a besarme y tuvo sexo conmigo. Estaba en el momento y no hice nada para detenerlo e incluso participé. Sin condón. Era una tarde en la que mis padres estaban fuera, así que no teníamos que callarnos ni preocuparnos. Y él lo hizo mucho más tiempo que las pocas veces que yo había tenido con mi novio, porque él era mayor y sabía más por haber estado con otras chicas. Me sentí irritada por primera vez y me dio una infección de orina. No cené esa noche, fingí estar enferma y lloré hasta quedarme dormida. Mi hermano tenía muchas ganas de repetirlo, diciéndome que había sido el mejor sexo de su vida, pero me negué, y algo que podía decir de él en aquel entonces era que al menos no era un violador. Aunque me presionaba, nunca intentó forzarme. Cuatro meses después de perder mi virginidad por incesto, terminó el curso escolar y él se graduó. Fui al instituto y él se mudó a una residencia universitaria a 190 kilómetros de nuestro pueblo. La escuela pública terminó para mí, como estaba planeado, en cuanto mi padre me pilló en la colina. Fui a un instituto católico solo para chicas. Mi padre tenía que llevarme media hora en coche todas las mañanas y mi madre me recogía durante todo el primer año. Luego me consiguieron un auto para que pudiera conducir yo mismo, pero el kilometraje y mis tiempos eran monitoreados de cerca. No tuve relaciones sexuales durante la escuela secundaria, pero siete veces en total le hice sexo oral a mi hermano durante las vacaciones de verano e invierno cuando los dos estábamos en casa. Ese fue el fin del incesto en mi vida. Fui a la universidad en Atlanta, pero no a la misma que mi hermano. Me rebelé contra mis padres y, aunque intentaron mantener el control, como adulta legalmente no los dejé. La confusión y la tristeza duraron meses hasta que finalmente lo entendieron. Me separé de ellos financieramente y trabajé y saqué préstamos estudiantiles. Fui muy promiscua en la universidad. Bebía, salía de fiesta y consumía drogas recreativamente y salía con varios chicos de vez en cuando, principalmente para sexo. Esa era mi vida y pensé que la disfrutaba en ese momento. Me volví más fuerte y asertiva, y cuando mi hermano insinuó por primera vez durante una reunión de Acción de Gracias en casa de un pariente que íbamos a dar un paseo, le dije que no quería volver a tocarlo de una forma tan contundente que supo que yo estaba fuera de mis límites e incluso pareció la asustada de nuestra relación. No me matriculé en clases durante dos semestres no consecutivos solo porque mi vida de fiesta era mucho más divertida. Viajaba de vez en cuando. A veces con amigos, a veces con hombres, normalmente mayores, que me invitaban a lugares exóticos. Las Maldivas, Portugal, las Islas Vírgenes. Dejé que mi jefe casado me usara durante un fin de semana en Cayo Hueso. Tuve una aventura con mi profesor de español, que solo me llevó hasta Ciudad de Panamá, Florida. Tantos rollos arriesgados de una noche. Mi identidad era que no buscaba nada permanente, una hija del universo. Mientras que me usaron como juguete tantas veces y creía que me gustaba el juego. Les decía cosas sobre querer hacerles feliz y cosas que inflarían su ego. Estoy segura de que hay muchísimos mensajes de texto por ahí que guardaron sobre la talla de su D que encajaba en mi pequeña P, sobre ser una niña pequeña y querer que me enseñaran a ser mujer y otras fantasías depravadas que pensé que querían oír. Obviamente, directamente relacionadas con lo que me hizo mi hermano. Estoy casi segura de que evité ser violada más de una vez dejándome llevar por la corriente cuando no lo esperaba o probablemente no quería. Puede que sea bueno que algunas de ellas probablemente no las recuerde. Una vez fue en una de las pocas fiestas de fraternidades a las que fui. Éramos tres chicos, no es mi estilo habitual. Otra vez fue con el padre de mi compañera de piso, que la visitaba en nuestra casa alquilada y se metió en mi cama de madrugada. Uno de los eventos traumáticos más extremos fue con un policía que me paró por conducir cuando había bebido, pero tenía menos del límite legal en su alcoholímetro. Me siguió a casa, como a un kilómetro de distancia, "por mi seguridad", e incluso me siguió adentro. Estaba en un apartamento en ese momento y pensé que mi compañera de piso estaba en casa y se lo dije. Pero cuando ella no estaba allí, dijo que le mentí a un oficial de policía y que tenía que hacer una búsqueda más exhaustiva si quería evitar que me arrestaran. No era atractivo ni agradable. Tenía un arma, aunque nunca la sacó. Puedes adivinar lo que pasó. Finalmente me deshice de esa vida salvaje durante mi penúltimo semestre cuando vi venir el final de la universidad. Mi promedio era 3. 3. y mi especialidad era filosofía y me di cuenta de que el futuro no era brillante en términos de lo que haría o cómo pagaría mis préstamos. Me puse a trabajar y decidí cambiar. Tenía una oferta para desnudarme y "ganar mucho dinero", pero afortunadamente no solo nunca me consideré así, sino que cuando fui con una amiga a su entrevista e intentaron reclutarme fueron tan sórdidos que los dos salimos corriendo de allí disgustados. Reevalué toda mi vida. Consideré terminarla, pero algún mecanismo de supervivencia no lo permitió. No quería ser la persona que había sido durante unos años. Miré hacia adelante y vi que no era sostenible a medida que envejecía y no tenía amor ni estabilidad. Dejé de trabajar cuando me ofrecieron un despacho de abogados. Me acosté con el gerente que me contrató como recepcionista, pero fue una gota en el océano de cosas de las que avergonzarme. Fue el último en hacerlo. Saqué solo sobresalientes y me gradué cum laude. Ascendí en el bufete principalmente por mi título, pero lo aproveché para escabullirme y aceptar un trabajo peor pagado en un bufete sin fines de lucro donde no me había acostado con nadie. Allí sí me acosté con un abogado, pero sigo casada con él y mi vida ha vuelto a la normalidad. Lo amo y él me ama. Él no sabe hasta qué punto fui promiscua en la universidad ni sobre mi hermano, y dudo que lo sepa alguna vez. Esa oscuridad se está desvaneciendo y ya no forma parte de mi vida. No es quien soy. En cuanto a mi hermano, ahora tiene familia y nos llevamos bien. Hablamos de ello una vez mientras estudiaba como loca en el último año, aunque no fue una conversación profunda. Mencioné que me usó, se disculpó, nos abrazamos y eso fue todo. No fue la confrontación catártica que algunos esperarían. Mi catarsis es mi esposo y mi vida actual, por la que estoy agradecida. Adoptamos dos hermanos pequeños y soy su mamá. Quizás tengamos uno propio. Quizás volvamos a adoptar. Me usaron y me introdujeron al sexo demasiado joven y temprana, lo que tensó mi relación con mis padres durante mucho tiempo y nunca la recuperaré. Descarriló mi vida. Estuve a la deriva por un tiempo, pero Dios, el universo o la suerte finalmente me pusieron en un buen lugar. Todo lo que sucedió me llevó a lo que soy ahora. No puedo decir que nunca contemplé el suicidio en tiempos más oscuros. Pero como en la película Náufrago, si se me permite citar, “Seguí vivo. Seguí respirando. Y un día, mi lógica se desvirtuó por completo porque la marea subió y me dio una vela. Y ahora, aquí estoy”. Miles de horas dedicadas al estudio de la filosofía y cito una película que ni siquiera está basada en un libro. Pero es perfecta.

    Estimado lector, esta historia contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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    Usted no está solo

    No estás solo No estás solo. A muchos nos arrebataron mucho personas que priorizaron sus instintos básicos sobre nuestra cordura. Sufrimos por sus momentos de felicidad y dominio. Nos culpamos de su enfermedad. Su patología. Somos un ejército. Eso es lo que estas historias nos enseñan. Nos muestran que somos legión. Somos fuertes. Nuestras reacciones psicológicas de miedo, desconfianza y odio no son locas. Son normales. También es normal, pero no fácil, salir juntos de la oscuridad. Crecí en un gran bloque de pisos de bajos recursos que parecía un pueblo. Mi madre trabajaba y nos desenvolvíamos solos. En invierno, nadie esperaba que nos vieran si salíamos. Estábamos en un piso haciendo el tonto con unos niños o un vecino, y todo salía bien. Perdí la virginidad a los once años con un amigo de mi hermano mayor que cursaba décimo. Pero no fue un problema porque, por desgracia, no era raro allí. Soy mitad brasileña por parte de mi padre ausente y me consideraban bastante exótica y en forma. Mis características sexuales secundarias se desarrollaron pronto. Era razonablemente cuidadosa y tenía el control. El verdadero abuso comenzó años después, cuando nos mudamos a una casa decente con él. Era el hombre soñado de mi madre. Era perfecto para un hombre de mediana edad. Para entonces, mi hermano ya no estaba con nosotros porque se fue a trabajar a Alaska en un barco pesquero. Era exmilitar y al principio parecía un buen hombre. Yo era un poco problemática y demasiado descarada, y mi madre le dio carta blanca para disciplinarme como a mi padre. No llevábamos allí ni una temporada completa cuando empezó a tratarme como a una fulana. Lo de los azotes ya lo sabía mi madre y le parecía gracioso, incluso teniendo quince años. Me daba azotes en el trasero desnudo incluso cuando ella estaba en casa. Decía que siempre había necesitado la mano de un hombre para tapar mis asperezas. Era vergonzoso, humillante, pero nada comparado con lo que hacía él cuando mi madre no estaba. Para no entrar en detalles, él pronto llegó a un punto en el que yo iba a tener su carga siempre que tuviera la oportunidad. Como él me mandaba el horario, se aseguraba de que hubiera oportunidades regulares. Era mi INFIERNO y él era el Príncipe de las Tinieblas. Era rudo, pero tenía cuidado de no dejar marcas. A menos que el tiempo apremiara, tenía que ducharme primero. A veces, después, había algo específico que ponerme, como un disfraz, lencería o mi uniforme de baloncesto. La irritante anticipación de lo que vendría después era la verdadera tortura. Él me decía: "Elige un agujero". ¡Mis agujeros! Mi boca era uno, mi boca dos, y pensarías que nunca elegiría tres. Pero te equivocas. Lo odiaba. Soy muy sensible sexualmente y si elegía uno, parecía que me encantaba, y si elegía dos, estaba trabajando para complacerlo. Tres era la forma en que podía encerrarme y prepararme sin que él me viera sonreír, incluso si lo miraba. Cuando el odio era fuerte, elegía tres. Compartimenté esa pequeña pero brutal parte de mi vida para mi madre. Eran solo de treinta a ciento veinte minutos a la semana, de 10.080 minutos. Y entonces no veía otra salida. Mamá, por primera vez, vivía una vida feliz. Podría haber ganado un BAFTA por lo cómoda y contenta que me sentía con ella. Me destrozaba que mi miedo a molestarlo hiciera parecer que él había suavizado mis asperezas y me había convertido en una dama de verdad. Mantuve mis buenas calificaciones y seguí en el equipo de netball a pesar de ser la más bajita. Seguí adelante. Desarrollé la costumbre de clavarme las puntas del portaminas en la piel y morderme las uñas para provocarme dolor. Tuve un novio por un corto tiempo. Iba a los bailes. Mi casa era mi infierno, así que hacía todo lo que él me permitía para estar en cualquier otro lugar. No podía trabajar, pero él obligaba a mi madre a conservar su trabajo para poder tenerme. En mis cumpleaños, me salía con la mía para tener una noche de chicas con mi madre. Solo tuve dos cumpleaños antes de librarme de él. La universidad costaba 1000 libras y cuando él la pagó, no sabía que ya no iba a ser su fulana. Tenía una amiga que vivía mucho más cerca de mi universidad. Tenían una habitación libre porque un hermano mayor se había mudado. Con diecisiete años, él no podía obligarme a vivir con ellos si tenía otro alojamiento seguro. Acepté un trabajo y pagué el mísero alquiler. Me volvió a tener cuando dormí en su casa en Nochebuena. Probablemente drogó a mi madre para que no volviera a dormir. Me aseguré de que no volviera a tener otra oportunidad. En mis clases de portugués conocí a un hombre que vivía en Portugal y me invitó a quedarme con él todo el tiempo que quisiera sin pagar alquiler. Terminé un año de bachillerato y me fui a Portugal. Tuve relaciones fugaces con el hombre con el que me quedé, pero él viajaba a menudo; ambos teníamos nuestras propias cosas. Por aquel entonces trabajaba de camarera en un restaurante de comida americana. Hablaba con mi madre por teléfono casi todos los días. Vino una vez, con él. La echaba de menos e intentaba no mostrarle mi pena por haberme visto obligada a separarme de ella. Verlo fue horrible, pero lo contuve como un cáncer. Me ayudó a consolidar mi decisión. Viajé con una amiga a Florida y conseguí trabajo como camarera en un restaurante elegante. Solicité una visa de trabajo y la conseguí al segundo intento. Ahora tengo treinta y ocho años. Hace solo tres años me enfrenté a mis demonios porque leí historias en línea sobre otras sobrevivientes de abuso. Abrió una herida profunda para que pudiera empezar a sanar. Fue y sigue siendo un trabajo duro y un proceso continuo. Le confesé a mi madre, quien se había separado de él después de años de su propio abuso, que ella también mantuvo oculto. Él la dejó ir cuando ella empezó a tener problemas de salud, mostrando su verdadero corazón negro. Vive con mi hermano y su familia. Lamento haber perdido años con mi madre y mi hermano y que me echaran de casa cuando era joven, pero me hizo más fuerte. Nunca me he casado, pero tengo una pareja que me ama, dos perros y hablo tres idiomas. Soy entrenadora física y trabajo cerca de la playa donde voy a meditar y a hacer body surf. Nuestros viajes e historias son individuales, pero estamos juntos en esto. En todo el mundo. ¡No estás solo/a cargando con el dolor, la vergüenza, el miedo y los recuerdos! Aunque estés en la oscuridad, emprende un camino que parece que otros están usando para intentar salir adelante. Usa los recursos, aunque estén disponibles en tu computadora, y construye a partir de ahí. Simplemente empieza y sigue escalando, especialmente cuando parezca demasiado difícil.

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  • “No estás roto; no eres repugnante ni indigno; no eres indigno de ser amado; eres maravilloso, fuerte y digno”.

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    El trastorno de estrés postraumático (TEPT) se desarrolló en la escuela secundaria.

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    en su coche

    ¡Hola! No sé cómo abordar esto, pero sé que debo decirlo. Soy lesbiana y tengo más de 21 años, y sufrí violación y agresión sexual por parte de mi última pareja lesbiana. Disculpen si esto es largo, pero si alguien lo lee, ¡se lo agradezco mucho! Conocí a mi ex en enero pasado y nos escribimos durante un mes antes de nuestra primera cita. La primera fue bien, nada preocupante. La segunda cita, que fue dos o tres días después de la primera, fue donde empezó todo. No me importó que me besara primero, pero me puse nerviosa cuando me dijo que quería pasar al asiento trasero. Empezó a manosearme y a tocarme por encima de la ropa antes de intentar meter la mano en mis vaqueros. La detuve y le dije que aún no me sentía cómoda con eso. Su respuesta fue: "Ah, pero con el tiempo querrás, ¿no?", y a eso le dije: "Sí, pero ahora no". Continuó de todos modos. Ese es el momento que recuerdo y desearía haberme ido. Me quedé. Quizás pasan una o dos citas sin que ella vuelva a hacer nada preocupante antes de que haya otro incidente. Estábamos en su coche fuera de su trabajo para un evento al que elegimos ir. Hay gente en la calle. Ella empieza a besuquearse conmigo, lo cual me da asco porque la gente probablemente pueda vernos y no es apropiado. Esta vez empieza a tocarme a través de mi falda otra vez, y en este punto no recuerdo mucho más allá de que yo dije que estaba asustada y nerviosa, y que no parecía seguro, y ella coaccionándome. Antes de que me dé cuenta, tiene su mano dentro de mi ropa interior y me está violando. No fuimos al evento. Nos fuimos y me dijo que la próxima vez podría buscar un lugar apartado. Nunca lo hizo. Y ahí es donde empezó todo. Durante los siguientes 5 meses me violaba en su coche cada vez que podía. Cada vez que le decía que no estaba cómoda. Usaba ropa interior ajustada, pero ella seguía haciendo todo lo posible por hacerlo. Si no lo hacía, se enojaba y me evadía las cosas. Pero nunca hubo un momento en que no lo intentara. La peor noche fue quizás un mes después de que todo empezara. Otra vez, en su asiento trasero. Fue en un estacionamiento bastante público. Intentó cubrir las ventanas con ropa, pero aún se veía claramente. Me hizo acostarme, quitarme toda la ropa interior y abrirme completamente. Fue muy humillante. Luego procedió a violarme violentamente, tan mal y doloroso que lloré y contuve los gritos porque no quería llamar la atención sobre la situación ni meterme en problemas. Le dije que estaba cómoda y que quería gritar, pero simplemente me echó un paño sobre la cara para que no me concentrara. Después tuve que volver a ponerme la ropa y la arruiné. Sentí dolor durante quizás una semana o un poco más. Ahora desearía haber conseguido pruebas de esa noche, pero no tengo ninguna. En total, creo que sucedió unas 14 veces. Las mismas situaciones de atención en público que odiaba. Durante la relación, estuve cegado hasta cierto punto y no me di cuenta de que contaba como violación hasta después de que rompimos. Al principio, acepté lo sucedido, pero ahora tengo una nueva pareja. Casualmente, mi nueva pareja trabaja con mi ex violador. Desde que me enteré, me siento completamente angustiado y asfixiado por lo que me hizo. No solo eso. Antes de descubrir que trabajaban juntos, se sentaban uno al lado del otro y se estaban haciendo amigos. Así que mi ex le dijo a mi novia actual que soy una persona terrible y que me tiene miedo. Ya no hablan. No sé, simplemente me siento asfixiado por todo esto. También tiene una nueva novia. Ojalá pudiera decirle a su nueva novia que tenga cuidado, pero tengo miedo. En mi comunidad hay mucho estigma en torno a la violación y la homosexualidad. No creo que pueda contar mi historia públicamente de forma segura tanto como quisiera. Ella cambió mi vida por completo. Es como si ya no supiera cómo ser yo mismo y siento que me estoy volviendo loco.

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    Para mí, la curación consiste en reconocer el daño y el impacto y negarme a culparme más.

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    #1796

    Quiero compartir mi experiencia porque he pasado años culpándome y pensando que era mi culpa, o restándole importancia a lo que pasó y pensando "no es tan malo, podría haber sido peor, me estoy haciendo la víctima, cuando hay víctimas/sobrevivientes reales que lo han pasado mucho peor". Pero a través de la terapia he llegado a reconocer el daño que me hicieron. El impacto. El trauma, los detonantes y los flashbacks con los que vivo a diario. Acabo de descubrir que lo que me pasó tiene un nombre. Se llama coerción. O una forma de sabotaje anticonceptivo. Habíamos acordado el método de la marcha atrás (no es el más fiable, lo sé, pero nos había funcionado hasta entonces). No teníamos una relación en ese momento. Él era mi ex. Me sentí tonta incluso recordándole que se marchara, que no terminara dentro de mí. Estábamos en una posición en la que él tenía el control total, confiaba en él, disfrutaba del sexo con él, era la primera persona con la que realmente podía explorar mis fantasías sin vergüenza. Y a pesar de mis protestas y de recordarle que se retirara, se corrió dentro de mí sin mi consentimiento. Pudo haber sido accidental. Estas cosas pasan, lo sé. Pero no fue accidental. Lo hizo a propósito. Se rió. Tenía toda la intención de hacerlo. Le pareció gracioso. No puedo expresar cuánto me he obsesionado con cada detalle. Estudiándolo desde tantos ángulos diferentes. Analizándolo, culpándome, incluso odiándome. Después de que sucedió, lo bloqueé. Me sentí violada. Me sentí traicionada. Sabía que nunca podría volver a confiar en él. Cerré la puerta después de que se fuera y me senté en la bañera intentando lavarlo. No tomé la píldora del día después. Estaba demasiado avergonzada. Estúpidamente pensé que estaría bien. Que no habría forma de que me quedara embarazada, que no me pasaría así. Así que lo bloqueé. Hasta semanas después, me di cuenta de que no había tenido la regla en un tiempo y, efectivamente, estaba embarazada. No podía interrumpir el embarazo. Y mi ex no quería saber nada de mí ni de nuestro hijo. Amenazó con revelar algunos detalles íntimos sobre mí si seguía adelante con el embarazo. Tenía miedo, él tenía tendencia a ser violento en el pasado. Pero toda mi familia me apoyó. Seguí adelante con el embarazo de todos modos. Y mi hijo es el amor de mi vida. Adorado por toda mi familia. Pero todavía me atormenta cómo fue concebido. Que mi ex se fuera sin consecuencias. Que haya tantas mujeres que terminan con sus vidas completamente trastocadas, y lo único que la sociedad puede decir es "bueno, deberías haber cerrado las piernas / deberías haberlo pensado mejor / deberías haber sido más responsable / es tu culpa". No. Debería haberse retirado.

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    La curación es aprender a ser compasivo contigo mismo, creer en ti mismo y perdonarte.

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  • “Siempre está bien pedir ayuda”

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    sonrisa, belleza

    smile, beauty
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    Creo que Dios me ha dado una segunda oportunidad y no la voy a desperdiciar. Soy muy feliz y tengo paz en mi hogar. La gente siente lástima por mí porque no tengo contacto con mi familia, pero lo que no entienden es que tengo paz. La paz es mucho más importante que la familia después de lo que he pasado. Tengo un perro de servicio para protegerme de ellos. Es una pitbull y me protege muchísimo. Así que si vienen por mí, más vale que sea con un arma porque es la única manera de que me atrapen. También tengo un gato y ahora es mi familia. Dios me ha bendecido inmensamente desde que dejé el abuso. La Biblia dice que Dios te dará el doble de lo que has perdido debido al abuso. Puedo dar fe de eso. Tengo un hermoso apartamento que es un edificio seguro, así que no puedes entrar a menos que tengas una llave. Vivo en un segundo piso, así que no pueden entrar a robarme. Mi exmarido y mi hija entraron a mi otra casa, robaron mis dos bulldogs ingleses y los mataron solo para hacerme daño. He tenido que mudarme cinco veces porque me siguen encontrando. No ayuda que si buscas el nombre de alguien en Google, puedas averiguar dónde vive. Además de enseñarle al sistema legal sobre el abuso, internet también necesita aprender cómo la gente lo usa no para bien, sino para abusar. Dios me ha bendecido con un coche precioso, una GMC Acadia Denali. Si alguno de ellos lo supiera, se pondría furioso porque su objetivo era destruirme. Dios no iba a permitir que eso sucediera.

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    Mueva su cuerpo de manera que le resulte agradable tanto como pueda.

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    #6

    Mi abuso comenzó cuando tenía 4 años. Por un abuelo mío. Era un amigo de la familia en quien mis padres confiaban y poco a poco se fue abriendo camino en nuestras vidas de todas las maneras posibles. Vivió con varios miembros de mi familia, incluyéndome a mí por un tiempo. Nos ayudó económicamente. Venía a todos nuestros cumpleaños. Hay una extraña línea de amor y odio cuando pienso en él. Es principalmente odio, pero recuerdo verlo en el tribunal el día de su condena y sonreír un poco. No porque lo enviaran a prisión por lo que me hizo, sino porque también lo sentía natural. Abusó sexualmente de mí, de mi hermana y de varios de mis primos continuamente durante años. Había un aura constante de miedo y aturdimiento en nuestra familia. Ninguno de los adultos lo sabía, pero todos los niños sí. Era tácito, pero sabíamos lo que estaba pasando. Si era abuso físico, era verbal o emocional. En el auto, en la casa, en público. No recuerdo la mayor parte de mi infancia porque estaba constantemente disociándome. Es difícil envejecer y darme cuenta de cuánto de mí misma soy, ya sea por el abuso o a pesar de él. Fue tan constante en mi vida que no hay forma de separarlo de todo lo demás. No hay un antes y un después del abuso. Simplemente fue. El abuso fue mi infancia, aunque mis padres creían que lo hacían todo bien. Es un desastre lidiar con eso, pero supongo que por eso se llama TEPT complejo.

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  • “Puede resultar muy difícil pedir ayuda cuando estás pasando por un momento difícil. La recuperación es un gran peso que hay que soportar, pero no es necesario que lo lleves tú solo”.

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    Supervivencia.

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    Cuando no sabes a qué estás diciendo que sí

    Había muchas emociones dentro de mí que me llevaron a la noche en que sucedió. Tenía problemas en mi relación, estaba confundida con Dios, estaba enojada con mis amigos que no me incluyeron en su reunión ese día. Así que bebí mucho. Bebí mucho tequila, específicamente, algo que nunca hago. No sé el nombre del chico con el que me fui a casa esa noche. No sé qué aspecto tenía. No recuerdo haber salido del bar con él. Recuerdo haber recuperado la consciencia por un minuto, darme cuenta de que no sabía dónde estaba e intentar salir corriendo del apartamento antes de desplomarme en el suelo del pasillo del complejo y llorar. Desperté casi desnuda, dolorida y magullada, y todavía muy borracha. No creo que este tipo me obligara. Simplemente no sabía a qué le estaba diciendo que sí en ese momento, ni siquiera a quién le estaba diciendo que sí. Todavía estoy asimilando el hecho de que no es mi culpa que esto haya sucedido; No es su culpa; no lo culpo en absoluto, ya que él también estaba extremadamente ebrio. Pero quiero que otros sobrevivientes con una historia como la mía escuchen esto: solo porque tu historia no involucre abuso, solo porque estabas completamente borracho, no significa que no merezcas ser considerado un sobreviviente. Porque sí lo mereces. No estás solo. No estás solo. Eres digno, no estás dañado, mereces amor. La sanación no es lineal y ocurre poco a poco, pero ocurre.

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    ¿Cómo puedo perdonar a mi padre, ya fallecido, por abusar de mí?

    ¿Cómo puedo perdonar a mi padre, ya fallecido, por abusar de mí? Entiendo cómo se siente la gente, y está bien sentir rabia hacia quien te robó la infancia. Nunca perdoné a mi padre, y tú tampoco tienes por qué hacerlo. Me alegré de que mi padre, el abusador, muriera y ya no pueda abusar de más niños. Mira a tu alrededor, a los rostros inocentes de mis hermanos, sobrinos y sobrinas cuya infancia ha sido salvada, y alégrate con ello. El pasado con el que soñamos se ha perdido, pero aún tenemos la llave de nuestro futuro brillante y feliz. Un buen amigo compartió esta cita sobre cómo perdonar: "Perdonar es sacar el cuchillo de tu espalda y no usarlo para lastimar a nadie más, sin importar cómo te lastimen". Emocionalmente, el dolor nunca desaparece; sin embargo, a través del proceso de sanación, lo que cambia es el control del dolor sobre la vida del sobreviviente. Las sobrevivientes de abuso sexual tienen muchas pérdidas que lamentar, como la pérdida de la inocencia y la pérdida de la protección de alguien en quien confiaban. El dolor de los recuerdos, para la mayoría de las sobrevivientes, se compara inicialmente con la destrucción causada por la explosión de una bomba. Aun así, el dolor puede quedar relegado a un segundo plano en la perspectiva general y el funcionamiento de la vida. Recordar abre la puerta al futuro y a la posibilidad del perdón. Un obstáculo importante para la mayoría de las víctimas es depositar la culpa donde corresponde, no sobre los hombros de la víctima. Cuando se supera ese hito, el Espíritu Santo puede comenzar a obrar en su corazón respecto a la posibilidad del perdón. Dios quiere sanar las profundas heridas de su pasado sexual. La sanación está disponible, pero debe aplicarse individualmente a cada herida del espíritu humano. El primer paso para sanar el abuso sexual es tener la valentía de afrontar el dolor. Este proceso puede llevar tiempo y requerir la ayuda de otros. Dado que la confianza rota siempre está involucrada en algún nivel, debe lidiar con el miedo que más teme: recordar el trauma y volver a ser vulnerable. A veces es mejor perdonar; No lo hagas por el abusador; hazlo por ti mismo. Una vez que perdones al abusador, te quitarás un gran peso de encima. Perdonar es renunciar a la esperanza de que el pasado pudiera ser más diferente y aceptar el pasado como es. - Oprah Winfrey. El perdón puede proponerse como una herramienta para ayudar y sanar el dolor y el sufrimiento de las víctimas de muchos casos de abuso sexual. Muchos afirman que "Todos pueden sanar y tener una gran vida", pero junto con vivir esa gran vida, uno también debe reconocer lo que realmente está sucediendo en su interior, no rechazarlo. Cuando se reconocen los sentimientos y los recuerdos, finalmente se liberan y los sobrevivientes sanan. En ese momento, si desean perdonar a sus perpetradores, bien. Si no, también está bien. Pero el objetivo es que el sobreviviente libere el pasado y se concentre en su futuro. Y, lo más importante, reconozca lo maravillosos que realmente son.

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    Sigue adelante y cree que vendrán días mejores.

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  • “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

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    Su nombre siempre me perseguirá

    Tenía 14 años y estaba saliendo con un nuevo amigo. Fuimos a la bolera y jugábamos a las máquinas recreativas cuando se nos unieron unos chicos mayores y guays, uno al que reconocí trabajando en el centro comercial local. Mi amigo sabía que estaba enamorada de él. No sé si el nuevo amigo lo planeó con antelación o si fue espontáneo, pero supongo que sí. Nos invitaron a ir en su coche y pasar el rato en su casa. Así que fuimos. Estábamos todos en una habitación del piso de arriba cuando el otro chico y mi amigo se fueron. Empezamos a besarnos y entonces me preguntó si quería ver los carteles de luz negra desde un mejor ángulo. Nos tumbamos en el suelo. Empezó a besarme de nuevo y cuando yo (virgen) empecé a alejarme, me agarró las muñecas, mucho más pequeñas, me dijo que si hacía algún ruido la madre de su amigo vendría a matarme con un cuchillo y que me quedara allí tumbada. Cuando terminó, yo estaba llorando en silencio. Me dijo: "Tranquilízate", ¿pero con una voz dulce? No me impidió llorar en silencio. Entonces dijo: "Solo lo hice porque llevabas falda". En cuanto pude, me recuperé y encontré a mi amiga abajo, junto con el otro chico. El otro chico me vio la cara y dijo: "¡Ay, no! ¿Te lo hizo a ti también?". El otro chico nos dejó en casa de mi amiga. Llamé a mi madre para que me recogiera y vino. Fue durante las vacaciones de invierno. Nunca le conté a mi madre lo que pasó. Dos semanas después, entre Navidad y Año Nuevo, el violador me envió una postal de la Fuerza Aérea para... ¿presumir? Así que debía de tener al menos 18 años en ese momento. Unos dos años después, varias chicas me llamaron por el altavoz para gritarme por haber dicho que me había violado. De repente, oí su voz: "No mientas. No te violé". Respondí: "Sí, lo hiciste", pero con un tono tan triste que creo que si les preguntaras a esas mujeres de hoy qué piensan de ese momento después del MeToo, tendrían una reacción completamente distinta. Hubo un silencio incómodo antes de que empezaran los gritos, colgué y evité las llamadas desconocidas durante un buen rato. Eran mujeres de su edad, de 20 años frente a mis 16. "Violación en una cita" era un término nuevo en aquel entonces; los medios eran, como era de esperar, sexistas con las jóvenes, y los anuncios nocturnos siempre incluían "Girls Gone Wild", así que no las culpo por caer en la trampa del sistema. Pero que me lo intimidaran años después fue un recuerdo terriblemente doloroso. Intenté localizarlo, para saber dónde estaba y qué estaba haciendo, pero nunca encontré nada. El problema es que su nombre es tan común, de nombre y apellido, que pertenece al marido de mi mejor amiga y a un político local. Cada vez que veo su nombre escrito completo, me estremezco y me pregunto... Quedé destrozada después de la violación. Agradezco tener una pareja amorosa con la que me siento completamente segura, pero me llevó como 15 años llegar hasta aquí (ya llevamos más de 20 juntos). Esa es mi historia. Creo que nunca la había escrito así de completa. Gracias por todo lo que están haciendo. Todo. Todo. Gracias. Son unos héroes.

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    De un sobreviviente
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    Cada día es un nuevo día y una nueva oportunidad para mejorar.

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  • Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
    Historia
    De un sobreviviente
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    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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    Contar eso sin derrumbarme

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    Usted no está solo

    No estás solo No estás solo. A muchos nos arrebataron mucho personas que priorizaron sus instintos básicos sobre nuestra cordura. Sufrimos por sus momentos de felicidad y dominio. Nos culpamos de su enfermedad. Su patología. Somos un ejército. Eso es lo que estas historias nos enseñan. Nos muestran que somos legión. Somos fuertes. Nuestras reacciones psicológicas de miedo, desconfianza y odio no son locas. Son normales. También es normal, pero no fácil, salir juntos de la oscuridad. Crecí en un gran bloque de pisos de bajos recursos que parecía un pueblo. Mi madre trabajaba y nos desenvolvíamos solos. En invierno, nadie esperaba que nos vieran si salíamos. Estábamos en un piso haciendo el tonto con unos niños o un vecino, y todo salía bien. Perdí la virginidad a los once años con un amigo de mi hermano mayor que cursaba décimo. Pero no fue un problema porque, por desgracia, no era raro allí. Soy mitad brasileña por parte de mi padre ausente y me consideraban bastante exótica y en forma. Mis características sexuales secundarias se desarrollaron pronto. Era razonablemente cuidadosa y tenía el control. El verdadero abuso comenzó años después, cuando nos mudamos a una casa decente con él. Era el hombre soñado de mi madre. Era perfecto para un hombre de mediana edad. Para entonces, mi hermano ya no estaba con nosotros porque se fue a trabajar a Alaska en un barco pesquero. Era exmilitar y al principio parecía un buen hombre. Yo era un poco problemática y demasiado descarada, y mi madre le dio carta blanca para disciplinarme como a mi padre. No llevábamos allí ni una temporada completa cuando empezó a tratarme como a una fulana. Lo de los azotes ya lo sabía mi madre y le parecía gracioso, incluso teniendo quince años. Me daba azotes en el trasero desnudo incluso cuando ella estaba en casa. Decía que siempre había necesitado la mano de un hombre para tapar mis asperezas. Era vergonzoso, humillante, pero nada comparado con lo que hacía él cuando mi madre no estaba. Para no entrar en detalles, él pronto llegó a un punto en el que yo iba a tener su carga siempre que tuviera la oportunidad. Como él me mandaba el horario, se aseguraba de que hubiera oportunidades regulares. Era mi INFIERNO y él era el Príncipe de las Tinieblas. Era rudo, pero tenía cuidado de no dejar marcas. A menos que el tiempo apremiara, tenía que ducharme primero. A veces, después, había algo específico que ponerme, como un disfraz, lencería o mi uniforme de baloncesto. La irritante anticipación de lo que vendría después era la verdadera tortura. Él me decía: "Elige un agujero". ¡Mis agujeros! Mi boca era uno, mi boca dos, y pensarías que nunca elegiría tres. Pero te equivocas. Lo odiaba. Soy muy sensible sexualmente y si elegía uno, parecía que me encantaba, y si elegía dos, estaba trabajando para complacerlo. Tres era la forma en que podía encerrarme y prepararme sin que él me viera sonreír, incluso si lo miraba. Cuando el odio era fuerte, elegía tres. Compartimenté esa pequeña pero brutal parte de mi vida para mi madre. Eran solo de treinta a ciento veinte minutos a la semana, de 10.080 minutos. Y entonces no veía otra salida. Mamá, por primera vez, vivía una vida feliz. Podría haber ganado un BAFTA por lo cómoda y contenta que me sentía con ella. Me destrozaba que mi miedo a molestarlo hiciera parecer que él había suavizado mis asperezas y me había convertido en una dama de verdad. Mantuve mis buenas calificaciones y seguí en el equipo de netball a pesar de ser la más bajita. Seguí adelante. Desarrollé la costumbre de clavarme las puntas del portaminas en la piel y morderme las uñas para provocarme dolor. Tuve un novio por un corto tiempo. Iba a los bailes. Mi casa era mi infierno, así que hacía todo lo que él me permitía para estar en cualquier otro lugar. No podía trabajar, pero él obligaba a mi madre a conservar su trabajo para poder tenerme. En mis cumpleaños, me salía con la mía para tener una noche de chicas con mi madre. Solo tuve dos cumpleaños antes de librarme de él. La universidad costaba 1000 libras y cuando él la pagó, no sabía que ya no iba a ser su fulana. Tenía una amiga que vivía mucho más cerca de mi universidad. Tenían una habitación libre porque un hermano mayor se había mudado. Con diecisiete años, él no podía obligarme a vivir con ellos si tenía otro alojamiento seguro. Acepté un trabajo y pagué el mísero alquiler. Me volvió a tener cuando dormí en su casa en Nochebuena. Probablemente drogó a mi madre para que no volviera a dormir. Me aseguré de que no volviera a tener otra oportunidad. En mis clases de portugués conocí a un hombre que vivía en Portugal y me invitó a quedarme con él todo el tiempo que quisiera sin pagar alquiler. Terminé un año de bachillerato y me fui a Portugal. Tuve relaciones fugaces con el hombre con el que me quedé, pero él viajaba a menudo; ambos teníamos nuestras propias cosas. Por aquel entonces trabajaba de camarera en un restaurante de comida americana. Hablaba con mi madre por teléfono casi todos los días. Vino una vez, con él. La echaba de menos e intentaba no mostrarle mi pena por haberme visto obligada a separarme de ella. Verlo fue horrible, pero lo contuve como un cáncer. Me ayudó a consolidar mi decisión. Viajé con una amiga a Florida y conseguí trabajo como camarera en un restaurante elegante. Solicité una visa de trabajo y la conseguí al segundo intento. Ahora tengo treinta y ocho años. Hace solo tres años me enfrenté a mis demonios porque leí historias en línea sobre otras sobrevivientes de abuso. Abrió una herida profunda para que pudiera empezar a sanar. Fue y sigue siendo un trabajo duro y un proceso continuo. Le confesé a mi madre, quien se había separado de él después de años de su propio abuso, que ella también mantuvo oculto. Él la dejó ir cuando ella empezó a tener problemas de salud, mostrando su verdadero corazón negro. Vive con mi hermano y su familia. Lamento haber perdido años con mi madre y mi hermano y que me echaran de casa cuando era joven, pero me hizo más fuerte. Nunca me he casado, pero tengo una pareja que me ama, dos perros y hablo tres idiomas. Soy entrenadora física y trabajo cerca de la playa donde voy a meditar y a hacer body surf. Nuestros viajes e historias son individuales, pero estamos juntos en esto. En todo el mundo. ¡No estás solo/a cargando con el dolor, la vergüenza, el miedo y los recuerdos! Aunque estés en la oscuridad, emprende un camino que parece que otros están usando para intentar salir adelante. Usa los recursos, aunque estén disponibles en tu computadora, y construye a partir de ahí. Simplemente empieza y sigue escalando, especialmente cuando parezca demasiado difícil.

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    en su coche

    ¡Hola! No sé cómo abordar esto, pero sé que debo decirlo. Soy lesbiana y tengo más de 21 años, y sufrí violación y agresión sexual por parte de mi última pareja lesbiana. Disculpen si esto es largo, pero si alguien lo lee, ¡se lo agradezco mucho! Conocí a mi ex en enero pasado y nos escribimos durante un mes antes de nuestra primera cita. La primera fue bien, nada preocupante. La segunda cita, que fue dos o tres días después de la primera, fue donde empezó todo. No me importó que me besara primero, pero me puse nerviosa cuando me dijo que quería pasar al asiento trasero. Empezó a manosearme y a tocarme por encima de la ropa antes de intentar meter la mano en mis vaqueros. La detuve y le dije que aún no me sentía cómoda con eso. Su respuesta fue: "Ah, pero con el tiempo querrás, ¿no?", y a eso le dije: "Sí, pero ahora no". Continuó de todos modos. Ese es el momento que recuerdo y desearía haberme ido. Me quedé. Quizás pasan una o dos citas sin que ella vuelva a hacer nada preocupante antes de que haya otro incidente. Estábamos en su coche fuera de su trabajo para un evento al que elegimos ir. Hay gente en la calle. Ella empieza a besuquearse conmigo, lo cual me da asco porque la gente probablemente pueda vernos y no es apropiado. Esta vez empieza a tocarme a través de mi falda otra vez, y en este punto no recuerdo mucho más allá de que yo dije que estaba asustada y nerviosa, y que no parecía seguro, y ella coaccionándome. Antes de que me dé cuenta, tiene su mano dentro de mi ropa interior y me está violando. No fuimos al evento. Nos fuimos y me dijo que la próxima vez podría buscar un lugar apartado. Nunca lo hizo. Y ahí es donde empezó todo. Durante los siguientes 5 meses me violaba en su coche cada vez que podía. Cada vez que le decía que no estaba cómoda. Usaba ropa interior ajustada, pero ella seguía haciendo todo lo posible por hacerlo. Si no lo hacía, se enojaba y me evadía las cosas. Pero nunca hubo un momento en que no lo intentara. La peor noche fue quizás un mes después de que todo empezara. Otra vez, en su asiento trasero. Fue en un estacionamiento bastante público. Intentó cubrir las ventanas con ropa, pero aún se veía claramente. Me hizo acostarme, quitarme toda la ropa interior y abrirme completamente. Fue muy humillante. Luego procedió a violarme violentamente, tan mal y doloroso que lloré y contuve los gritos porque no quería llamar la atención sobre la situación ni meterme en problemas. Le dije que estaba cómoda y que quería gritar, pero simplemente me echó un paño sobre la cara para que no me concentrara. Después tuve que volver a ponerme la ropa y la arruiné. Sentí dolor durante quizás una semana o un poco más. Ahora desearía haber conseguido pruebas de esa noche, pero no tengo ninguna. En total, creo que sucedió unas 14 veces. Las mismas situaciones de atención en público que odiaba. Durante la relación, estuve cegado hasta cierto punto y no me di cuenta de que contaba como violación hasta después de que rompimos. Al principio, acepté lo sucedido, pero ahora tengo una nueva pareja. Casualmente, mi nueva pareja trabaja con mi ex violador. Desde que me enteré, me siento completamente angustiado y asfixiado por lo que me hizo. No solo eso. Antes de descubrir que trabajaban juntos, se sentaban uno al lado del otro y se estaban haciendo amigos. Así que mi ex le dijo a mi novia actual que soy una persona terrible y que me tiene miedo. Ya no hablan. No sé, simplemente me siento asfixiado por todo esto. También tiene una nueva novia. Ojalá pudiera decirle a su nueva novia que tenga cuidado, pero tengo miedo. En mi comunidad hay mucho estigma en torno a la violación y la homosexualidad. No creo que pueda contar mi historia públicamente de forma segura tanto como quisiera. Ella cambió mi vida por completo. Es como si ya no supiera cómo ser yo mismo y siento que me estoy volviendo loco.

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    La curación es aprender a ser compasivo contigo mismo, creer en ti mismo y perdonarte.

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    Creo que Dios me ha dado una segunda oportunidad y no la voy a desperdiciar. Soy muy feliz y tengo paz en mi hogar. La gente siente lástima por mí porque no tengo contacto con mi familia, pero lo que no entienden es que tengo paz. La paz es mucho más importante que la familia después de lo que he pasado. Tengo un perro de servicio para protegerme de ellos. Es una pitbull y me protege muchísimo. Así que si vienen por mí, más vale que sea con un arma porque es la única manera de que me atrapen. También tengo un gato y ahora es mi familia. Dios me ha bendecido inmensamente desde que dejé el abuso. La Biblia dice que Dios te dará el doble de lo que has perdido debido al abuso. Puedo dar fe de eso. Tengo un hermoso apartamento que es un edificio seguro, así que no puedes entrar a menos que tengas una llave. Vivo en un segundo piso, así que no pueden entrar a robarme. Mi exmarido y mi hija entraron a mi otra casa, robaron mis dos bulldogs ingleses y los mataron solo para hacerme daño. He tenido que mudarme cinco veces porque me siguen encontrando. No ayuda que si buscas el nombre de alguien en Google, puedas averiguar dónde vive. Además de enseñarle al sistema legal sobre el abuso, internet también necesita aprender cómo la gente lo usa no para bien, sino para abusar. Dios me ha bendecido con un coche precioso, una GMC Acadia Denali. Si alguno de ellos lo supiera, se pondría furioso porque su objetivo era destruirme. Dios no iba a permitir que eso sucediera.

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    #6

    Mi abuso comenzó cuando tenía 4 años. Por un abuelo mío. Era un amigo de la familia en quien mis padres confiaban y poco a poco se fue abriendo camino en nuestras vidas de todas las maneras posibles. Vivió con varios miembros de mi familia, incluyéndome a mí por un tiempo. Nos ayudó económicamente. Venía a todos nuestros cumpleaños. Hay una extraña línea de amor y odio cuando pienso en él. Es principalmente odio, pero recuerdo verlo en el tribunal el día de su condena y sonreír un poco. No porque lo enviaran a prisión por lo que me hizo, sino porque también lo sentía natural. Abusó sexualmente de mí, de mi hermana y de varios de mis primos continuamente durante años. Había un aura constante de miedo y aturdimiento en nuestra familia. Ninguno de los adultos lo sabía, pero todos los niños sí. Era tácito, pero sabíamos lo que estaba pasando. Si era abuso físico, era verbal o emocional. En el auto, en la casa, en público. No recuerdo la mayor parte de mi infancia porque estaba constantemente disociándome. Es difícil envejecer y darme cuenta de cuánto de mí misma soy, ya sea por el abuso o a pesar de él. Fue tan constante en mi vida que no hay forma de separarlo de todo lo demás. No hay un antes y un después del abuso. Simplemente fue. El abuso fue mi infancia, aunque mis padres creían que lo hacían todo bien. Es un desastre lidiar con eso, pero supongo que por eso se llama TEPT complejo.

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    Cuando no sabes a qué estás diciendo que sí

    Había muchas emociones dentro de mí que me llevaron a la noche en que sucedió. Tenía problemas en mi relación, estaba confundida con Dios, estaba enojada con mis amigos que no me incluyeron en su reunión ese día. Así que bebí mucho. Bebí mucho tequila, específicamente, algo que nunca hago. No sé el nombre del chico con el que me fui a casa esa noche. No sé qué aspecto tenía. No recuerdo haber salido del bar con él. Recuerdo haber recuperado la consciencia por un minuto, darme cuenta de que no sabía dónde estaba e intentar salir corriendo del apartamento antes de desplomarme en el suelo del pasillo del complejo y llorar. Desperté casi desnuda, dolorida y magullada, y todavía muy borracha. No creo que este tipo me obligara. Simplemente no sabía a qué le estaba diciendo que sí en ese momento, ni siquiera a quién le estaba diciendo que sí. Todavía estoy asimilando el hecho de que no es mi culpa que esto haya sucedido; No es su culpa; no lo culpo en absoluto, ya que él también estaba extremadamente ebrio. Pero quiero que otros sobrevivientes con una historia como la mía escuchen esto: solo porque tu historia no involucre abuso, solo porque estabas completamente borracho, no significa que no merezcas ser considerado un sobreviviente. Porque sí lo mereces. No estás solo. No estás solo. Eres digno, no estás dañado, mereces amor. La sanación no es lineal y ocurre poco a poco, pero ocurre.

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  • Mensaje de la Comunidad
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    Sigue adelante y cree que vendrán días mejores.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
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    Cada día es un nuevo día y una nueva oportunidad para mejorar.

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  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • Todos tenemos la capacidad de ser aliados y apoyar a los sobrevivientes en nuestras vidas.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • La sanación no es lineal. Es diferente para cada persona. Es importante que seamos pacientes con nosotros mismos cuando surjan contratiempos en nuestro proceso. Perdónate por todo lo que pueda salir mal en el camino.

    “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Empezó con mi hermano

    Mi hermano, que ha crecido mucho, me usó, pero aún llevo cicatrices. Mi hermano es cuatro años mayor que yo y, cuando estaba pasando de la primaria a la secundaria, ese verano, me hizo pensar que las chicas de secundaria necesitan saber cómo hacerle sexo oral a los chicos. Primero me lo hizo para mostrarme que no era para tanto. Pensé que era algo muy serio. Pero lo hice y él me entrenó y me hizo mantenerlo en secreto, excepto para mi mejor amiga. Invitó a su amiga a casa cuando tuve una pijamada una noche y le pidió que se lo hiciera a su amiga. Luego nos hacían hacer concursos con los ojos vendados. Al menos entonces no estaba sola. Me cambió, aunque el séptimo grado en sí no tuvo nada que ver con nada de eso. Era una mentira para obtener placer de mí. Mi hermano todavía me hacía hacerlo en casa. Y a veces me lo hacía y yo llegaba al clímax. Así que tuve una extraña vida sexual secreta y me sentí muy mal por eso. Luego, en octavo grado, tuve mi primer novio de verdad. Mis padres son muy estrictos, aunque ambos trabajaban y me dejaban sola con mi hermano. Para ir al cine con mi novio, se aseguraban de que fuera en grupo, me llevaban y me esperaban fuera del cine. Bueno, una vez, cuando fuimos a ver Blancanieves y el cazador, mi mejor amiga y yo hicimos lo que queríamos: hacerle sexo oral a nuestros chicos en la última fila del cine, y lo hicimos. Solo un mes después, empecé a tener sexo con él, algo que nunca habría sucedido de no ser por lo que hizo mi hermano. Nos escapamos de su casa durante una pijamada, quedamos con los chicos afuera, fuimos al parque cercano y lo hicimos en el césped. Esa fue mi virginidad. El evento realmente malo, donde mi vida se descarriló, fue cuando lo intentamos desde mi casa, escabulléndonos por la ventana y adentrándonos un poco más en mi gran patio trasero que daba a la ladera de una gran colina, y mi padre nos pilló. Fue horrible. Se acabó el mundo. Me trataron como una gran traidora y casi todos mis privilegios fueron revocados y esencialmente fui castigada sin fecha límite. Y aún así mi hermano me obligaba a hacerle sexo oral. Estaba desconsolada porque no me permitían tener a mi novio hasta el punto en que mis padres me obligaron a ir a la escuela y hablar con el director y el subdirector y se aseguraron de que no tuviera la oportunidad de verlo a solas. Y mi hermano seguía entrando sigilosamente por la noche a veces o cuando nos quedábamos solas esperando que hiciera lo que él me había entrenado para que estuviera acostumbrada. La siguiente parte realmente mala fue dos meses en mi nueva vida restringida. Mi hermano comenzó a hacerme sexo oral una tarde después de la escuela y decidió llevarlo más lejos y se levantó y comenzó a besarme y tuvo sexo conmigo. Estaba en el momento y no hice nada para detenerlo e incluso participé. Sin condón. Era una tarde en la que mis padres estaban fuera, así que no teníamos que callarnos ni preocuparnos. Y él lo hizo mucho más tiempo que las pocas veces que yo había tenido con mi novio, porque él era mayor y sabía más por haber estado con otras chicas. Me sentí irritada por primera vez y me dio una infección de orina. No cené esa noche, fingí estar enferma y lloré hasta quedarme dormida. Mi hermano tenía muchas ganas de repetirlo, diciéndome que había sido el mejor sexo de su vida, pero me negué, y algo que podía decir de él en aquel entonces era que al menos no era un violador. Aunque me presionaba, nunca intentó forzarme. Cuatro meses después de perder mi virginidad por incesto, terminó el curso escolar y él se graduó. Fui al instituto y él se mudó a una residencia universitaria a 190 kilómetros de nuestro pueblo. La escuela pública terminó para mí, como estaba planeado, en cuanto mi padre me pilló en la colina. Fui a un instituto católico solo para chicas. Mi padre tenía que llevarme media hora en coche todas las mañanas y mi madre me recogía durante todo el primer año. Luego me consiguieron un auto para que pudiera conducir yo mismo, pero el kilometraje y mis tiempos eran monitoreados de cerca. No tuve relaciones sexuales durante la escuela secundaria, pero siete veces en total le hice sexo oral a mi hermano durante las vacaciones de verano e invierno cuando los dos estábamos en casa. Ese fue el fin del incesto en mi vida. Fui a la universidad en Atlanta, pero no a la misma que mi hermano. Me rebelé contra mis padres y, aunque intentaron mantener el control, como adulta legalmente no los dejé. La confusión y la tristeza duraron meses hasta que finalmente lo entendieron. Me separé de ellos financieramente y trabajé y saqué préstamos estudiantiles. Fui muy promiscua en la universidad. Bebía, salía de fiesta y consumía drogas recreativamente y salía con varios chicos de vez en cuando, principalmente para sexo. Esa era mi vida y pensé que la disfrutaba en ese momento. Me volví más fuerte y asertiva, y cuando mi hermano insinuó por primera vez durante una reunión de Acción de Gracias en casa de un pariente que íbamos a dar un paseo, le dije que no quería volver a tocarlo de una forma tan contundente que supo que yo estaba fuera de mis límites e incluso pareció la asustada de nuestra relación. No me matriculé en clases durante dos semestres no consecutivos solo porque mi vida de fiesta era mucho más divertida. Viajaba de vez en cuando. A veces con amigos, a veces con hombres, normalmente mayores, que me invitaban a lugares exóticos. Las Maldivas, Portugal, las Islas Vírgenes. Dejé que mi jefe casado me usara durante un fin de semana en Cayo Hueso. Tuve una aventura con mi profesor de español, que solo me llevó hasta Ciudad de Panamá, Florida. Tantos rollos arriesgados de una noche. Mi identidad era que no buscaba nada permanente, una hija del universo. Mientras que me usaron como juguete tantas veces y creía que me gustaba el juego. Les decía cosas sobre querer hacerles feliz y cosas que inflarían su ego. Estoy segura de que hay muchísimos mensajes de texto por ahí que guardaron sobre la talla de su D que encajaba en mi pequeña P, sobre ser una niña pequeña y querer que me enseñaran a ser mujer y otras fantasías depravadas que pensé que querían oír. Obviamente, directamente relacionadas con lo que me hizo mi hermano. Estoy casi segura de que evité ser violada más de una vez dejándome llevar por la corriente cuando no lo esperaba o probablemente no quería. Puede que sea bueno que algunas de ellas probablemente no las recuerde. Una vez fue en una de las pocas fiestas de fraternidades a las que fui. Éramos tres chicos, no es mi estilo habitual. Otra vez fue con el padre de mi compañera de piso, que la visitaba en nuestra casa alquilada y se metió en mi cama de madrugada. Uno de los eventos traumáticos más extremos fue con un policía que me paró por conducir cuando había bebido, pero tenía menos del límite legal en su alcoholímetro. Me siguió a casa, como a un kilómetro de distancia, "por mi seguridad", e incluso me siguió adentro. Estaba en un apartamento en ese momento y pensé que mi compañera de piso estaba en casa y se lo dije. Pero cuando ella no estaba allí, dijo que le mentí a un oficial de policía y que tenía que hacer una búsqueda más exhaustiva si quería evitar que me arrestaran. No era atractivo ni agradable. Tenía un arma, aunque nunca la sacó. Puedes adivinar lo que pasó. Finalmente me deshice de esa vida salvaje durante mi penúltimo semestre cuando vi venir el final de la universidad. Mi promedio era 3. 3. y mi especialidad era filosofía y me di cuenta de que el futuro no era brillante en términos de lo que haría o cómo pagaría mis préstamos. Me puse a trabajar y decidí cambiar. Tenía una oferta para desnudarme y "ganar mucho dinero", pero afortunadamente no solo nunca me consideré así, sino que cuando fui con una amiga a su entrevista e intentaron reclutarme fueron tan sórdidos que los dos salimos corriendo de allí disgustados. Reevalué toda mi vida. Consideré terminarla, pero algún mecanismo de supervivencia no lo permitió. No quería ser la persona que había sido durante unos años. Miré hacia adelante y vi que no era sostenible a medida que envejecía y no tenía amor ni estabilidad. Dejé de trabajar cuando me ofrecieron un despacho de abogados. Me acosté con el gerente que me contrató como recepcionista, pero fue una gota en el océano de cosas de las que avergonzarme. Fue el último en hacerlo. Saqué solo sobresalientes y me gradué cum laude. Ascendí en el bufete principalmente por mi título, pero lo aproveché para escabullirme y aceptar un trabajo peor pagado en un bufete sin fines de lucro donde no me había acostado con nadie. Allí sí me acosté con un abogado, pero sigo casada con él y mi vida ha vuelto a la normalidad. Lo amo y él me ama. Él no sabe hasta qué punto fui promiscua en la universidad ni sobre mi hermano, y dudo que lo sepa alguna vez. Esa oscuridad se está desvaneciendo y ya no forma parte de mi vida. No es quien soy. En cuanto a mi hermano, ahora tiene familia y nos llevamos bien. Hablamos de ello una vez mientras estudiaba como loca en el último año, aunque no fue una conversación profunda. Mencioné que me usó, se disculpó, nos abrazamos y eso fue todo. No fue la confrontación catártica que algunos esperarían. Mi catarsis es mi esposo y mi vida actual, por la que estoy agradecida. Adoptamos dos hermanos pequeños y soy su mamá. Quizás tengamos uno propio. Quizás volvamos a adoptar. Me usaron y me introdujeron al sexo demasiado joven y temprana, lo que tensó mi relación con mis padres durante mucho tiempo y nunca la recuperaré. Descarriló mi vida. Estuve a la deriva por un tiempo, pero Dios, el universo o la suerte finalmente me pusieron en un buen lugar. Todo lo que sucedió me llevó a lo que soy ahora. No puedo decir que nunca contemplé el suicidio en tiempos más oscuros. Pero como en la película Náufrago, si se me permite citar, “Seguí vivo. Seguí respirando. Y un día, mi lógica se desvirtuó por completo porque la marea subió y me dio una vela. Y ahora, aquí estoy”. Miles de horas dedicadas al estudio de la filosofía y cito una película que ni siquiera está basada en un libro. Pero es perfecta.

    Estimado lector, esta historia contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • “No estás roto; no eres repugnante ni indigno; no eres indigno de ser amado; eres maravilloso, fuerte y digno”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Para mí, la curación consiste en reconocer el daño y el impacto y negarme a culparme más.

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  • “Siempre está bien pedir ayuda”

    “Puede resultar muy difícil pedir ayuda cuando estás pasando por un momento difícil. La recuperación es un gran peso que hay que soportar, pero no es necesario que lo lleves tú solo”.

    “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • Historia
    De un sobreviviente
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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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    Sobreviviendo a una violación en grupo

    El año pasado me violaron en grupo. Tengo un zumbido en los oídos llamado tinnitus que no ha parado desde entonces. Tengo pesadillas. Volé con mi madre a una boda en el extranjero. Estaba emocionadísima. Ella estaría ocupada con sus amigos y su prima, y yo podría pasar tiempo con mi genial prima segunda, dos años mayor que yo. Después de la cena de ensayo, salimos. Fue divertido porque allí no tenía permiso para beber, aunque la edad legal era menor que en mi provincia, pero no revisaban la identificación. No bebí mucho porque no era lo mío y tenía novio, pero pude ir a algunos bares y luego a una discoteca pegada a un hotel. Nos divertimos muchísimo hasta que conocimos a dos soldados uniformados que eran guapísimos y nos separaron de sus amigas por nuestro aspecto. Mi prima es guapísima. Tenían una habitación privada en la discoteca y había varios soldados y también dos prostitutas. A esas prostitutas definitivamente les disgustaba que estuviéramos allí. Quería salir de todas formas, y las chicas guapísimas que nos invitaron fingieron entendernos y nos sacaron de allí. Estúpidamente, dejamos que nos llevaran a su habitación de hotel, donde dejaron de lado el rollo romántico y nos obligaron a desnudarnos al ritmo de la música. Nos enseñaron una pistola que tenían en un cajón. Estaba aterrorizada. Nos obligaron a tumbarnos boca abajo, inclinadas sobre la cama, una al lado de la otra, y así tuvieron sexo. Se intercambiaron como si fuéramos intercambiables antes de acabar dentro de nosotras sin protección. Nos tomamos de la mano. Yo lloraba mientras mi prima intentaba ser fuerte y animarme. No nos permitieron salir y nos escondieron la ropa. Antes de quitarnos los teléfonos, tuvimos que escribirles que nos quedábamos en casa de un amigo de mi prima. Luego llamaron a otros dos soldados, uno de ellos un tipo alto, moreno y enorme, con músculos de culturista. Fue un desastre conmigo. Nos hicieron bailar y luego tuvimos que usar la boca con las chicas que nos habían atraído allí mientras las otras dos tenían sexo con nosotras. Vomité y mi prima lo limpió, pero luego empezó de nuevo. Tenían cocaína y nos obligaron a esnifarla de sus partes y a esnifarla de nosotras. Vino otro y creo que solo fueron esos cinco durante la noche, pero no paraban de violarnos y obligarnos a hacer cosas incluso cuando nos desmayábamos. Me hubiera gustado estar más inconsciente, pero la cocaína te despierta tanto. Quiero recordar menos y pensar menos en todo. Nos duchamos muchas veces. El moreno grande se orinó encima de mí y en mi boca, en la ducha. Lo hizo más de una vez como si yo fuera su retrete. Los otros hombres incluso tuvieron que decirle que se calmara cuando me hacía gritar, me gustaban sus dedos y me los metía en el culo, pero no cuando me hacía arrastrarme como un perro usando mi pelo como correa. Recuerdo que uno de ellos llamó a sus amigos para decirles que subieran el volumen de la televisión al máximo para ocultar el ruido en nuestra habitación. Vieron las noticias deportivas en la televisión. Hicieron que mi prima y yo nos besáramos y cosas así. No podía fingir que era una fiesta divertida como mi prima hacía a veces y me animaba a hacer. Intentó desviar parte de su atención de mí una y otra vez. La amo por eso, pero no me dejaron en paz. Estaban obsesionados con mi pecho. No les importó que estuviera obviamente angustiada y enloqueciendo, ni que en mi país me faltaran tres años para la edad de consentimiento. Ahí estaba, la edad mínima. Nos despertamos por la mañana en una de las camas, solo los dos soldados durmiendo en el suelo. ¡El negro se había ido! Volvieron a tener sexo con nosotras y otro hombre mucho mayor, al que llamaban SIR, entró y tuvo sexo con nosotras, pero sobre todo conmigo. Lo animaron y me dolía la cabeza y lloraba, y pareció durar una eternidad. Finalmente recuperamos la ropa, pero nos llevaron a un brunch con su ropa habitual. Me enseñaron fotos en sus móviles que parecían divertidas y nos advirtieron de lo mal que estaría si decíamos algo diferente a que habíamos tenido una buena fiesta. ¡Una buena fiesta en el infierno! Antes de eso, solo había tenido sexo con mi único novio. ¡Una noche infernal y ahora mi número era siete! Tuvimos que empezar a prepararnos para la boda de inmediato y estaba agotada. Mi prima me escondió y me eché una siesta con vestido, peinado y maquillaje hasta el último minuto. Lloré en la ceremonia, pero no en la boda. Tenía tanto dolor de vagina, músculos y cerebro que me emborraché tanto en la recepción que apenas recuerdo nada. Fue parte del viaje en avión a casa. Le conté la verdad a mi madre al volver y se puso como loca, al igual que mi padre. Intentaron llamar allí, al hotel y a otros sitios, pero la policía no hizo nada. Vi llorar a mi padre por primera vez mientras le contaba toda la historia. Mi novio no lo soportó y me dejó. Voy a terapia de grupo. Tomo una pastilla todos los días y ahora tomo benzodiacepinas para la ansiedad. Intento ocultar mi pecho grande bajo ropa holgada, cuando antes lo usaba para llamar la atención. ¡Qué idiota! Mi prima no parece tener los traumas ni las pesadillas que yo tengo. En su país, terminan la secundaria hasta dos años antes que nosotros y los tratan como adultos antes. Una vez le dije cosas malas por eso. Me perdonó, pero hablamos mucho menos desde que le pregunté si siempre tenía sexo grupal. Me sentí fatal porque incluso dejó que tuvieran sexo anal con ella para alejarlos de mí. Se notaba que le dolía mucho, pero en ese momento solo pensaba en mi propia supervivencia. Mi infancia se acabó, pero no me siento adulta. Su consejo es: «No dejes que te deprima». ¡Como si tuviera otra opción! Fue a terapeuta una vez porque su madre pidió cita y no piensa volver. ¡Su vida no cambió en absoluto! Trabaja en recepción en una empresa de tecnología y, además, modela, y sigue yendo a fiestas, clubes y citas. ¿Cómo? Es increíble cómo la actitud ante algo así puede ser tan diferente en distintos países. Ahora soy una víctima y suelo sentirme así. Definitivamente dañada. Todos en mi escuela saben por qué. Soy ESA chica. Mi nuevo novio, más maduro, es comprensivo, pero me siento como una pequeña carga triste para él. A veces soy hipersexual y no puedo evitarlo. Es un mecanismo de afrontamiento que les ocurre a algunas víctimas de agresión sexual. No lo busqué. Me preocupa que mi novio no confíe en mí por eso. Un amigo mayor, mi vecino desde hace años, se aprovechó de mí después de que le conté lo que pasó en su casa. Tuvimos sexo y luego se sintió culpable por excitarse con mi historia de violación. Lo admitió y me pidió perdón. El sexo me ayudó a calmar el zumbido de oídos por breves periodos, así que lo hice con él más de una vez al día durante un tiempo hasta que mi padre empezó a sospechar algo y habló con él. Desde entonces, no confío en mí misma. Quiero casarme con mi novio, en gran parte, solo para protegerme y demostrarle que lo amo y soy leal, aunque no estoy segura de poder serlo. Me preocupa no poder amar como una persona normal. Me preocupa alejarlo por ser demasiado dependiente y querer casarme con él tan pronto. Lo necesito más de lo que él me necesita a mí. ¿Será así siempre en las relaciones de las víctimas de violación? Me esfuerzo mucho en la escuela para no arruinar mi futuro. Es muy difícil concentrarme. Me zumban los oídos constantemente. Gracias por escuchar.

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    El trastorno de estrés postraumático (TEPT) se desarrolló en la escuela secundaria.

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    #1796

    Quiero compartir mi experiencia porque he pasado años culpándome y pensando que era mi culpa, o restándole importancia a lo que pasó y pensando "no es tan malo, podría haber sido peor, me estoy haciendo la víctima, cuando hay víctimas/sobrevivientes reales que lo han pasado mucho peor". Pero a través de la terapia he llegado a reconocer el daño que me hicieron. El impacto. El trauma, los detonantes y los flashbacks con los que vivo a diario. Acabo de descubrir que lo que me pasó tiene un nombre. Se llama coerción. O una forma de sabotaje anticonceptivo. Habíamos acordado el método de la marcha atrás (no es el más fiable, lo sé, pero nos había funcionado hasta entonces). No teníamos una relación en ese momento. Él era mi ex. Me sentí tonta incluso recordándole que se marchara, que no terminara dentro de mí. Estábamos en una posición en la que él tenía el control total, confiaba en él, disfrutaba del sexo con él, era la primera persona con la que realmente podía explorar mis fantasías sin vergüenza. Y a pesar de mis protestas y de recordarle que se retirara, se corrió dentro de mí sin mi consentimiento. Pudo haber sido accidental. Estas cosas pasan, lo sé. Pero no fue accidental. Lo hizo a propósito. Se rió. Tenía toda la intención de hacerlo. Le pareció gracioso. No puedo expresar cuánto me he obsesionado con cada detalle. Estudiándolo desde tantos ángulos diferentes. Analizándolo, culpándome, incluso odiándome. Después de que sucedió, lo bloqueé. Me sentí violada. Me sentí traicionada. Sabía que nunca podría volver a confiar en él. Cerré la puerta después de que se fuera y me senté en la bañera intentando lavarlo. No tomé la píldora del día después. Estaba demasiado avergonzada. Estúpidamente pensé que estaría bien. Que no habría forma de que me quedara embarazada, que no me pasaría así. Así que lo bloqueé. Hasta semanas después, me di cuenta de que no había tenido la regla en un tiempo y, efectivamente, estaba embarazada. No podía interrumpir el embarazo. Y mi ex no quería saber nada de mí ni de nuestro hijo. Amenazó con revelar algunos detalles íntimos sobre mí si seguía adelante con el embarazo. Tenía miedo, él tenía tendencia a ser violento en el pasado. Pero toda mi familia me apoyó. Seguí adelante con el embarazo de todos modos. Y mi hijo es el amor de mi vida. Adorado por toda mi familia. Pero todavía me atormenta cómo fue concebido. Que mi ex se fuera sin consecuencias. Que haya tantas mujeres que terminan con sus vidas completamente trastocadas, y lo único que la sociedad puede decir es "bueno, deberías haber cerrado las piernas / deberías haberlo pensado mejor / deberías haber sido más responsable / es tu culpa". No. Debería haberse retirado.

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    sonrisa, belleza

    smile, beauty
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    Mueva su cuerpo de manera que le resulte agradable tanto como pueda.

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  • Mensaje de Sanación
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    Supervivencia.

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    ¿Cómo puedo perdonar a mi padre, ya fallecido, por abusar de mí?

    ¿Cómo puedo perdonar a mi padre, ya fallecido, por abusar de mí? Entiendo cómo se siente la gente, y está bien sentir rabia hacia quien te robó la infancia. Nunca perdoné a mi padre, y tú tampoco tienes por qué hacerlo. Me alegré de que mi padre, el abusador, muriera y ya no pueda abusar de más niños. Mira a tu alrededor, a los rostros inocentes de mis hermanos, sobrinos y sobrinas cuya infancia ha sido salvada, y alégrate con ello. El pasado con el que soñamos se ha perdido, pero aún tenemos la llave de nuestro futuro brillante y feliz. Un buen amigo compartió esta cita sobre cómo perdonar: "Perdonar es sacar el cuchillo de tu espalda y no usarlo para lastimar a nadie más, sin importar cómo te lastimen". Emocionalmente, el dolor nunca desaparece; sin embargo, a través del proceso de sanación, lo que cambia es el control del dolor sobre la vida del sobreviviente. Las sobrevivientes de abuso sexual tienen muchas pérdidas que lamentar, como la pérdida de la inocencia y la pérdida de la protección de alguien en quien confiaban. El dolor de los recuerdos, para la mayoría de las sobrevivientes, se compara inicialmente con la destrucción causada por la explosión de una bomba. Aun así, el dolor puede quedar relegado a un segundo plano en la perspectiva general y el funcionamiento de la vida. Recordar abre la puerta al futuro y a la posibilidad del perdón. Un obstáculo importante para la mayoría de las víctimas es depositar la culpa donde corresponde, no sobre los hombros de la víctima. Cuando se supera ese hito, el Espíritu Santo puede comenzar a obrar en su corazón respecto a la posibilidad del perdón. Dios quiere sanar las profundas heridas de su pasado sexual. La sanación está disponible, pero debe aplicarse individualmente a cada herida del espíritu humano. El primer paso para sanar el abuso sexual es tener la valentía de afrontar el dolor. Este proceso puede llevar tiempo y requerir la ayuda de otros. Dado que la confianza rota siempre está involucrada en algún nivel, debe lidiar con el miedo que más teme: recordar el trauma y volver a ser vulnerable. A veces es mejor perdonar; No lo hagas por el abusador; hazlo por ti mismo. Una vez que perdones al abusador, te quitarás un gran peso de encima. Perdonar es renunciar a la esperanza de que el pasado pudiera ser más diferente y aceptar el pasado como es. - Oprah Winfrey. El perdón puede proponerse como una herramienta para ayudar y sanar el dolor y el sufrimiento de las víctimas de muchos casos de abuso sexual. Muchos afirman que "Todos pueden sanar y tener una gran vida", pero junto con vivir esa gran vida, uno también debe reconocer lo que realmente está sucediendo en su interior, no rechazarlo. Cuando se reconocen los sentimientos y los recuerdos, finalmente se liberan y los sobrevivientes sanan. En ese momento, si desean perdonar a sus perpetradores, bien. Si no, también está bien. Pero el objetivo es que el sobreviviente libere el pasado y se concentre en su futuro. Y, lo más importante, reconozca lo maravillosos que realmente son.

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    De un sobreviviente
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    Su nombre siempre me perseguirá

    Tenía 14 años y estaba saliendo con un nuevo amigo. Fuimos a la bolera y jugábamos a las máquinas recreativas cuando se nos unieron unos chicos mayores y guays, uno al que reconocí trabajando en el centro comercial local. Mi amigo sabía que estaba enamorada de él. No sé si el nuevo amigo lo planeó con antelación o si fue espontáneo, pero supongo que sí. Nos invitaron a ir en su coche y pasar el rato en su casa. Así que fuimos. Estábamos todos en una habitación del piso de arriba cuando el otro chico y mi amigo se fueron. Empezamos a besarnos y entonces me preguntó si quería ver los carteles de luz negra desde un mejor ángulo. Nos tumbamos en el suelo. Empezó a besarme de nuevo y cuando yo (virgen) empecé a alejarme, me agarró las muñecas, mucho más pequeñas, me dijo que si hacía algún ruido la madre de su amigo vendría a matarme con un cuchillo y que me quedara allí tumbada. Cuando terminó, yo estaba llorando en silencio. Me dijo: "Tranquilízate", ¿pero con una voz dulce? No me impidió llorar en silencio. Entonces dijo: "Solo lo hice porque llevabas falda". En cuanto pude, me recuperé y encontré a mi amiga abajo, junto con el otro chico. El otro chico me vio la cara y dijo: "¡Ay, no! ¿Te lo hizo a ti también?". El otro chico nos dejó en casa de mi amiga. Llamé a mi madre para que me recogiera y vino. Fue durante las vacaciones de invierno. Nunca le conté a mi madre lo que pasó. Dos semanas después, entre Navidad y Año Nuevo, el violador me envió una postal de la Fuerza Aérea para... ¿presumir? Así que debía de tener al menos 18 años en ese momento. Unos dos años después, varias chicas me llamaron por el altavoz para gritarme por haber dicho que me había violado. De repente, oí su voz: "No mientas. No te violé". Respondí: "Sí, lo hiciste", pero con un tono tan triste que creo que si les preguntaras a esas mujeres de hoy qué piensan de ese momento después del MeToo, tendrían una reacción completamente distinta. Hubo un silencio incómodo antes de que empezaran los gritos, colgué y evité las llamadas desconocidas durante un buen rato. Eran mujeres de su edad, de 20 años frente a mis 16. "Violación en una cita" era un término nuevo en aquel entonces; los medios eran, como era de esperar, sexistas con las jóvenes, y los anuncios nocturnos siempre incluían "Girls Gone Wild", así que no las culpo por caer en la trampa del sistema. Pero que me lo intimidaran años después fue un recuerdo terriblemente doloroso. Intenté localizarlo, para saber dónde estaba y qué estaba haciendo, pero nunca encontré nada. El problema es que su nombre es tan común, de nombre y apellido, que pertenece al marido de mi mejor amiga y a un político local. Cada vez que veo su nombre escrito completo, me estremezco y me pregunto... Quedé destrozada después de la violación. Agradezco tener una pareja amorosa con la que me siento completamente segura, pero me llevó como 15 años llegar hasta aquí (ya llevamos más de 20 juntos). Esa es mi historia. Creo que nunca la había escrito así de completa. Gracias por todo lo que están haciendo. Todo. Todo. Gracias. Son unos héroes.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.